"NIÑOS CON PIJAMAS DE RAYAS" ABC Lunes, 27-10-08
por LUIS MIGUEL MARTÍN RUBIO
EL libro de John Boyne, «El niño con el pijama de rayas», es un maravilloso relato escrito para niños y también para adultos, que trata la historia de un niño de nueve años que intenta descubrir y entender que está sucediendo cerca de donde él vive en el Campo de Concentración de «Auschwitz» durante la segunda guerra mundial. Al otro lado de la valla conoce y entabla amistad con un niño judío, que viste un pijama de rayas. Un drama triste pero real, de una época terrible para la historia de la humanidad y de la que todos nos sentimos avergonzados.
Se trata de algo del pasado, pero desgraciadamente en ocasiones nos llegan noticias que nos hacen recordar aquellos tiempos.
Hemos conocido como hace unos días aparecían publicados en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía, los nombres y apellidos de ochenta y un menores de edad por ser objetores a recibir la asignatura de enseñanza para la ciudadanía. Muchos padres y personalidades e instituciones diversas, han manifestado su queja y rechazo.
Esta situación me hace llegar a preguntarme ¿sino pudiera tratarse de una forma de señalar al modo de brazalete o pijama de rayas a quienes difieren y disienten?. Pero además las noticias señalan cómo se acosa por algunos directores de centros de enseñanza pública , en concreto en Jaén, a los estudiantes objetores de la polémica asignatura, la denuncia ha sido realizada por la plataforma «Jaén educa en libertad» y omite los nombres de los centros que dirigen, al parecer, para evitar represalias a los escolares.
El debate se centra en el planteamiento de los padres de poner en duda la licitud del Gobierno por imponer una determinada formación de la conciencia de sus hijos, y si es compatible con el derecho que tienen los padres a educar a sus hijos en la libertad de elegir su formación conforme a sus convicciones morales, religiosas o ideológicas. He tenido la oportunidad de informarme y leer los planteamiento propuestos en los diferentes materiales «didácticos» distribuidos para ser impartidos a los alumnos de Educación Secundaria, de edades entre doce y quince añitos, y algunas materias y el trato que se hace de ellas, como pueda ser la denominada sobre la toma de conciencia de la propia orientación sexual, o la concepción que el poder público da por válidas y únicas en materia de opciones en las relaciones sexuales, etc, etc, las respeto pero no las comparto y entiendo a los padres que no deseen que esos supuestos «valores» sean inculcados a sus hijos , y por ello entiendo el uso de la objeción de conciencia como instrumento para salvaguardar el derecho a educar en libertad.
Y así lo entendieron también aquellos padres del municipio de Bollullos del Condado, un albañil y una ama de casa con seis hijos, que consiguieron que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, hace ya unos meses, dictara sentencia favorable a reconocer el derecho a la Objeción de Conciencia a la asignatura de educación para la ciudadanía y que por ello no debían ser suspendidos por no asistir a clase. La Sentencia recogía , basado en amplia jurisprudencia, el derecho a la objeción para proteger los derechos y libertades fundamentales, los cuales garantizan la existencia de un claustro íntimo de creencias y , por tanto, un espacio de determinación intelectual, vinculado a la propia personalidad individual que le da derecho a los ciudadanos para actuar con arreglo a sus propias convicciones morales, éticas , filosóficas y religiosas. Pero además ha de garantizar el deber de los poderes públicos de respetar estos derechos , y no solo el simple respeto o no intromisión , sino que el interés público a de favorecer el ejercicio de los padres en el conjunto del programa de enseñanza pública , garantizando el derecho de los padres a que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones.
Confío en que la noticia de la publicación en el BOJA, o el acoso de determinados funcionarios públicos, a esos niños cesen ya no sólo por una cuestión de justicia sino además por la imagen que podamos estar dando y que alguien nos recuerde y compare con aquellos viles y vergonzantes procedimientos utilizados en los campos de exterminio en ideologías totalitarias donde los niños llevaban brazaletes o pijamas de rayas.