Nuestro porvenir, como comunidad civilizada, depende de la mujer. Para recuperar su prestigio no basta la represión. Ésta, más allá de lo imprescindible, es contraproducente. Genera desesperación y encona los conflictos. Tampoco el enfrentamiento, típico del feminismo, es la solución. Hay que cultivar lo que dignifica a la mujer y rescatarla de su mercantilización (consumismo o pansexualismo). Esto es, respetar su vocación integral, también a la maternidad, y crear un ambiente sano en que pueda desarrollarse. La familiar, con la delicadeza que le caracteriza, es la encargada de restablecer las bases de la convivencia. En ella el amor y la mujer siempre serán centrales.
José Mª Martí Sánchez Doctor en Derecho
El Gobierno, empeñado en atacar la cultural española, ha hecho del feminismo una de sus prioridades. El presidente se ha puesto al frente del mismo. En la revista Marie Claire (octubre 2005) se definió como "feminista" y contó una anécdota. En los pasillos de la ONU, una mexicana exclamó: "Usted es el justiciero de las mujeres". En la clausura del II Encuentro de mujeres españolas y africanas “Por un mundo Mejor" (Madrid, 8 marzo 2007), se reconoció, una vez más, "con total convencimiento, feminista". (Cf. Dieter Brandau, “Rojo, Feminista, Justiciero, Naif ...”, en Libertad Digital,10 Diciembre 2008)
El Gobierno, empeñado en atacar la cultural español.a, ha hecho del feminismo una de sus prioridades. El presidente se ha puesto al frente del mismo. En la revista Marie Claire (octubre 2005) se definió como "feminista" y contó una anécdota. En los pasillos de la ONU, una mexicana exclamó: "Usted es el justiciero de las mujeres". En la clausura del II Encuentro de mujeres españolas y africanas “Por un mundo Mejor" (Madrid, 8 marzo 2007), se reconoció, una vez más, "con total convencimiento, feminista". (Cf. Dieter Brandau, “Rojo, Feminista, Justiciero, Naif ...”, en Libertad Digital,10 Diciembre 2008).
Éste es el trasfondo de la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de medidas de protección integral contra la violencia de género y la Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y hombres. En Cataluña, se ha extremado el feminismo con la Ley 5/2008, de 24 de abril, sobre el derecho de las mujeres a erradicar la violencia machista. Ahora bien, ¿estas iniciativas suponen un mayor respeto y protección para la mujer?
Lamentablemente ni la situación de la mujer ha mejorado (manipulación, desprecio, abandono) ni la violencia contra ella ha disminuido. Hace dos años se hacía un balance: «Desde que se puso en marcha la Ley de violencia de género socialista, 267 mujeres han muerto por esta causa, sin que las diferentes políticas aplicadas por el Gobierno hasta ahora hayan conseguido atenuar el problema» (en «Forum Libertas», 01/10/2008). Ello con independencia de las críticas que suscita la ley por su redacción y haber propiciado denuncias falsas. Se ha ocultado su fracaso y el agravamiento de los conflictos familiares (cf. «Un juez rompe el tabú de la violencia de género», en el Mundo, 13 diciembre 2009).
¿Cómo vencer la violencia, ante la impotencia del feminismo, y devolver a la mujer el puesto a que es acreedora en la sociedad? Parto del deterioro actual de la imagen de la mujer y de sus causas más profundas, con idea de relanzarla y devolverle, en beneficio de todos, la consideración que le corresponde.
Para Julián Marías, el «lirismo» es la actitud que descubre, en la realidad y muy particularmente en la del otro sexo, un hálito misterioso. La condición sexuada, propia del ser humano, es el núcleo más vivaz del «lirismo». La «disyunción polar» que establece admira e interpela. Centra al hombre en su realidad, se necesita a la mujer para ser varón y del varón para ser mujer, y le impulsa a las empresas más nobles. Este rico contraste «ha sido el motor principal de una enorme porción de la cultura y de los proyectos y acciones humanos».
Completo la idea con otra cita de este autor donde apunta alguno de los males que nos aquejan: «Cuando se trata a una mujer como tal, se advierte siempre una sorpresa agradecida —subrayando por igual los dos términos—. Y creo que el tratar a las mujeres de manera indiferenciada, como “iguales” —que evidentemente no lo son aparte de la condición personal y los derechos—, es algo artificial y en cierta medida violento […]. Véase por qué camino se ha desvirtuado en medida considerable el extraordinario mejoramiento de la vida debido a la presencia de la mujer, a la convivencia habitual con ella».
Hoy la singularidad de cada uno, varón y mujer, se ha eclipsado, y el contacto mutuo —muy frecuente— ha perdido finura. La competitividad y el primitivismo, antes característicos de ambientes masculinos, se han desbordado.
Urge recuperar a la mujer y su lirismo.
La especificidad de la mujer se ha puesto en riesgo con el desprecio de la maternidad. Éste es uno de los rasgos del feminismo cuyas reivindicaciones —independencia, igualitarismo, desarrollo profesional, etc.— lo son a costa de la familia. Esto se ha vuelto contra la mujer. Se le ha encerrado en la soledad (hoy muy extendida) y en la desestructuración biográfica. El rechazo de la maternidad disocia sexualidad, potenciada como realización personal, y procreación (dependencia y atadura). Surge así el «tercer sexo» (Botella Llusiá). Una mujer que, con o sin actividad sexual, ha perdido su relación con el niño y ha sucumbido al prosaísmo (profesionalismo y biología del sexo).
En consecuencia, la polarización que dinamiza la vida social se ha debilitado y con ella los patrones masculino y femenino. Además, sin la colaboración de la mujer, se priva a todos tanto del lirismo —un trato y unas aspiraciones elevadas— cuanto del bien que traía el niño. Éste, en palabras de Marías, actúa como «estimulante del fondo mejor de las personas».
¿Con que suplirá la mujer el prestigio que se derivaba de una función esencial, la maternal, en la que era insustituible?
Hay otro frente, en el deterioro de la imagen de la mujer, abierto por la escuela y los medios de comunicación social. Éstos recurren a los estereotipos y al escándalo en pos del provecho inmediato. También la escuela transige con la zafiedad, propiciada por un igualitarismo a la baja. La «educación sexual», infestada de pansexualismo freudiano, está en las antípodas del aprecio a la mujer y el cultivo del amor. Transmite una pobre imagen de lo humano, supeditado al placer y el juego.
El panorama aún se oscurece más con el multiculturalismo relativista que da pábulo a corrientes contrarias a la igualdad y la libertad (religiosa, de enseñanza o para contraer matrimonio) de la mujer.
Concluyo. Nuestro porvenir, como comunidad civilizada, depende de la mujer. Para recuperar su prestigio no basta la represión. Ésta, más allá de lo imprescindible, es contraproducente. Genera desesperación y encona los conflictos. Tampoco el enfrentamiento, típico del feminismo, es la solución. Hay que cultivar lo que dignifica a la mujer y rescatarla de su mercantilización (consumismo o pansexualismo). Esto es, respetar su vocación integral, también a la maternidad, y crear un ambiente sano en que pueda desarrollarse. La familiar, con la delicadeza que le caracteriza, es la encargada de restablecer las bases de la convivencia. En ella el amor y la mujer siempre serán centrales.