Abortos y esterilizaciones forzosas, detenciones, palizas...
29-10-2011 | Rosa Cuervas-Mons |Intereconomia
Cumbre del Clima de Copenhague. Año 2010. La viceministra de la Comisión para la Planificación Familiar y la Población de China, Zhao Baige, anuncia orgullosa que gracias a la política del hijo único, en vigor desde 1970, su Gobierno ha conseguido “prevenir el nacimiento de 400 millones de personas”. “No solo contribuye a la reducción de emisiones, sino que sirve como experiencia para que otros países -sobre todo en vías de desarrollo- puedan desarrollar modelos sostenibles. Hemos evitado 400 millones de personas y emitimos cada año 1,8 toneladas de dióxido de carbono menos que antes”.
El modelo chino se presenta como ejemplo a seguir y no pocos medios de comunicación se tragan el cuento -el fundador de la CNN, Ted Turner, llegó a decir que todo el mundo debería copiar a China para luchar contra el cambio climático-. Pero, ¿qué hay detrás de ese ‘modelo sostenible de población’? Muertes como la de Jihong Ma, esterilizaciones forzosas, detenciones ilegales, palizas, casas destrozadas y un sinfín de violaciones de los derechos humanos que la organización Women’s rights without frontiers (Derechos de las mujeres sin fronteras), WRWF, lleva denunciando más de una década.
A finales de 2009 dos oficiales de Planificación Familiar detuvieron en las calles de Henan a una mujer que había escapado del hospital para no someterse al “examen de embarazo” al que cada dos meses deben acudir las mujeres en edad fértil. Según varios testigos presenciales la condujeron a la fuerza al hospital para someterla a una esterilización involuntaria -DIU en la mayoría de los casos o ligadura de trompas si la mujer ha violado la política del hijo único y ha tenido más de un niño- a pesar de que la joven advertía de su delicado estado de salud por una reciente operación.
Población flotante
Poco antes, esta vez en la provincia de Shandong, un matrimonio fue torturado y golpeado por oficiales de Planificación por haber llegado un día tarde al examen de embarazo. En realidad Xiaoyan -mujer fértil en situación de población flotante- no había llegado tarde, sino que había seguido las indicaciones de la Administración y se había sometido al test en la provincia donde vivía, tal como le habían indicado, y no en la que estaba registrada. Su informe debía ser enviado a la oficina en la que estaba registrada pero un fallo informático lo impidió, por lo que tuvo que ir a la provincia de origen para someterse al examen... y llegó un día tarde. Paliza y denuncia a la policía que solo argumentó que si habían violado la ley, la policía no podía hacer nada.
Provincia de Fujian. Cuatro jóvenes con “embarazos ilegales” -todas en avanzado estado de gestación- están retenidas en una celda de la Oficina de Planificación mientras hacen frente al aborto forzado que se les ha practicado -inyección salina- y esperan dar a luz a su hijo muerto. Muchas, además, deberán pagar el coste del aborto como pena por haber violado la ley.
Ciudad de Leiyang, el joven Xin Lui (32 años), recibe en casa la visita de los planificadores familiares que vienen a cobrar la tasa que debe pagar la familia por haber tenido un segundo hijo. Xin Lui se niega a abrir y los planificadores le golpean en la cabeza hasta que queda inconsciente. Hoy tiene una incapacidad permanente.
Una mujer de 34 años embarazada de ocho meses y medio trabaja junto a su marido cuando los planificadores familiares la llevan al hospital. Ha violado la ley quedando embarazada por segunda vez y, además, de gemelos. Hacia las cinco de la tarde varios médicos la sujetan para que deje de resistirse hasta que le inyectan la sustancia abortiva. A las doce de la noche está todavía dando a luz a sus hijos muertos. Enterrar los cuerpos correrá de su bolsillo. Los médicos se limitan a dejar los cadáveres a su lado.
Xiamen, destino turístico por excelencia. Una mujer embarazada llora en la habitación del hospital donde han inyectado una sustancia letal a su hijo de ocho meses y al que ahora tendrá que dar a luz. Su marido, desesperado, asegura que no sabe cómo explicarán lo que ha pasado a su otra hija, que está deseando conocer a su hermano.
Estos y otros muchos casos denunciados por WRWF han llegado a oídos occidentales con la ayuda de, entre otras personas, un joven de 33 años víctima de la política de Planificación Familiar. No da su nombre por seguridad, pero desde que su mujer fue sometida al aborto forzado de su segundo hijo dedica su tiempo a perseguir la sistemática violación de derechos que se produce en su país. “Subestimé la crueldad de esta política y mi mujer quedó embarazada. No pude proteger a mi hijo al que espero dar todo el amor que merece cuando muera y me encuentre con él en el cielo”.
Bebés al crematorio
El sentimiento de culpa es solo una de las consecuencias de esta política de control de la natalidad. Hay muchas más. Incremento de la trata de mujeres, figurando China como uno de los primeros países en emisión, tránsito y recepción del tráfico sexual debido, en parte, al brutal desequilibrio demográfico: 37 millones de mujeres menos que de hombres, y por tanto 37 millones de hombres que no podrán encontrar esposa y que recurren a mujeres esclavizadas provenientes de países como Corea del Norte, Tailandia, Vietnam o Mongolia.
Infanticidio y omisión de auxilio a bebés que sobreviven al aborto y nacen con vida, pero que son arrojados a los cubos de desechos médicos y conducidos al crematorio, tal como se constató el pasado año cuando los trabajadores del crematorio de Guangdong descubrieron a un bebé vivo entre los restos que debían incinerar. Fue enviado al hospital que, al día siguiente, envió de nuevo al bebé al crematorio.
Esta vez muerto.
Detenciones ilegales para realizar esterilizaciones forzosas -10.000 en la campaña de Planificación familiar iniciada en abril de 2010- y amenazas y presiones a los familiares de las mujeres en edad fértil, que serán castigados -palizas, casas destruidas, robo de pertenencias- si ellas infringen la ley del hijo único.
Índice de suicidios
Tal como explica a ALBA la fundadora y presidenta de WRWF, Reggie Littlejohn, la “guerra contra las mujeres” que lleva a cabo el Partido Comunista Chino tiene mucho que ver con el altísimo índice de suicidio femenino del país -500 mujeres mueren cada día en China según la Organización Mundial de la Salud- y con los trece millones de abortos que se perpetran cada año -35 600 cada día, 1 480 cada hora-.
Preguntada por ALBA al respecto, la Embajada de China no ha dado ninguna respuesta, como tampoco lo hacen en público sus mandatarios que, si bien reconocen la cifra de 13 millones de abortos al año, niegan que algunos sean forzados. Admiten la existencia de la política del hijo único -el presidente Hu Jintao aseguró que seguiría durante muchos años más- sí, pero evitan dar detalles sobre cómo se lleva a cabo. En el lenguaje de planificación familiar, los abortos e infanticidios se llaman medidas de reparación y la libertad para concebir se llama certificado de procreación.
“Los Gobiernos occidentales no se atreven a presionar a China para que respete los derechos humanos por todo el dinero que le deben”, señala Littlejohn, que denuncia la enorme cantidad de países modernos que financian esta violación de derechos.
“El Fondo de Población de Naciones Unidas, la Federación Internacional de Planificación Familiar y Marie Stops International son proveedores del aborto en China. Por eso el Gobierno de Estados Unidos eliminó las ayudas al organismo de Naciones Unidas tras comprobar Colin Powell, entonces secretario de Estado, que colaboraba con la política coercitiva del hijo único. Subvención que se reanudó, eso sí, en 2009 ”.
La China de los Juegos Olímpicos, la China de las lunas de miel es, a la vez, el lugar del que huyen muchas familias como la de Zhou Xiaoping, que salió de su país para evitar la muerte de su segundo hijo, del que quedó embarazada antes de haber obtenido el permiso de embarazo que las autoridades conceden a los campesinos si su primer vástago ha sido niña. Xiaoping llevó el DIU que le impuso el Gobierno durante cuatro años. Una vez retirado pidió el permiso de embarazo, de acuerdo con la ley, pero el retraso en la Administración hizo que el niño llegara antes que el papel. Se había saltado las normas y debía abortar. Desde el centro de refugiados de Tailandia pide “compasión” a los oficiales que tendrán que decidir sobre su futuro. Solo quiere, dice, “vivir en libertad”.
De lesa humanidad
Reggie Littlejohn se topó con la cruda realidad de China en los años 90, cuando asistía a una mujer que pedía asilo político en Estados Unidos y que le confesó que había sido esterilizada -ligadura de trompas- de forma forzosa. Desde entonces esta abogada de Yale ha alzado la voz “por las mujeres que no tienen voz” ante el Congreso de Estados Unidos, el Vaticano, y numerosos parlamentos europeos. Denuncia que en China, el cuerpo de una mujer pertenece al Estado, al Partido Comunista Chino, que al atentar contra la parte “más íntima física, emocional y espiritualmente hablando de una mujer” y matar la vida que hay en su interior lleva a cabo un auténtico “crimen de lesa humanidad”. Esa es su lucha.