A un matrimonio compuesto por un hombre 70 años y una mujer de 58, los jueces de Turín en Italia, consideran que son demasiado viejos para ser padres. Así que les han retirado la custodia de su hija de 15 meses. Que obviamente había sido inseminada en un país remoto del que no se dan datos. Triste final para una historia de sueños imposibles.
Carmen Bellver - Periodista Digital, 18 de septiembre 2011.
En un mundo donde abundan los derechos y se desconocen los deberes lo normal es encontrar noticias que te dejan en estado de shock. El avance de la tecnología permite ahora inseminaciones y vientres de alquiler a cualquier edad. Especialmente si la solución proviene de algún médico poco escrupuloso, de algún famoso con un fajo de billetes en la mano, o de un país que no tiene prevista en su legislación ninguna nota que prohíba inseminarse con un límite de edad. Por fin el sueño de ser madre o padre largos años aparcado en lo imposible, se hace de pronto realidad.
El goteo de noticias de este tipo ocupa la sección de sucesos. Y no es para menos, a un matrimonio compuesto por un hombre 70 años y una mujer de 58, los jueces de Turín en Italia, consideran que son demasiado viejos para ser padres. Así que les han retirado la custodia de su hija de 15 meses.
Que obviamente había sido inseminada en un país remoto del que no se dan datos. Triste final para una historia de sueños imposibles. Lo cierto es que el tribunal argumenta que la niña se quedará huérfana a muy temprana edad. Y además tendría que hacerse cargo de unos progenitores achacosos a una edad en la que ella todavía necesita alguien que la cuide. Nos quedamos deliberando quién tiene más razón si el amor filial o la sensatez de los Tribunales.
En realidad el problema surge siempre del endiosamiento del ser humano, capaz de romper moldes con la naturaleza gracias a los avances de la técnica. Y a partir de ahí, se hace posible lo imposible. Desde ponerse en peligro por una cirugía reconstructora de la decrepitud de los años, hasta gestionar un vientre de alquiler para poder alcanzar la paternidad dentro de un matrimonio homosexual. Aquí cada cual va a lo suyo. El mundo es tan viejo que todos conocíamos las historias de madres solteras con hijo por accidente o deliberación, sin padre que custodie su futuro. Pues bien, si la ciencia ficción cumple sus sueños vendrán los hijos de laboratorio a la carta. La vida quedará en manos de doctores Goebbels que fecundarán según unos patrones predeterminados.
Podremos asistir a cualquier aberración que la ciencia siempre justificará en pro de los avances a favor de la humanidad. Y la legislación de los países será permisiva en tanto en cuanto no tenga unos valores humanos basados en algo más profundo. Es horroroso contemplar como la legislación de un país permite la píldora del día después, sin recetas médicas a menores. Dejando que una explosión hormonal afecte seriamente el futuro de unas jóvenes poco informadas. Pues así son las cosas, cuando el interés político o económico se impone a la sensatez. Por eso no es tan fácil legislar con el sentido común para evitar aberraciones antinaturales. Como la de ese matrimonio obcecado en ser padres sin pensar en el futuro de su hijo.
En este país donde el aborto ya es un derecho, que va contra el principal derecho del ser humano que es el de la vida. También tenemos quienes apuestan por la eutanasia tipo doctor Montes que aplicaba los cuidados paliativos con tanto amor que nadie salía con vida de sus manos. Y así relativizando el derecho a la vida, se aplica la cultura de la muerte en una sociedad enferma que ya no respeta a nadie. El valor más alto de una sociedad se da precisamente en ese pequeño corpus social que constituyen el hombre, la mujer y su prole. Sin embargo, asistimos a la disolución de parejas de cualquier tipo que no están preparadas para soportar las inclemencias de la convivencia.
Sólo cuando el matrimonio se trasforma en sacramento para compartir la vida y fecundarla como proyecto querido por Dios, podemos entender que se celebre con gozo las bodas de oro, dando gracias a Dios por esos cincuenta años de convivencia. Recordaré siempre las palabras de mi madre, contándome que con los años había aprendido a querer más a mi padre. Y el suyo fue un matrimonio con muchas dificultades, accidentes y enfermedades de larga duración, que sin embargo funcionaron como catalizador para hacer piña en la familia.
Como dirían algunos, los tiempos ya no están para la lírica. El divorcio exprés, proporciona de dos a tres uniones en la vida, con una herencia de encuentros y desencuentros que sufren los más pequeños de la casa. No diremos que ahora el mundo está peor que hace unos cuantos años. Pero es indudable que el tejido social ha cambiado bastante. Sin embargo, siempre que la sociedad vele por los más débiles tendremos el patrón de humanidad necesaria para que un país funcione. No se pueden consentir abusos de personas inmaduras que juegan a ser papas en edad provecta. Eso nunca puede ser un derecho. Porque el ser humano también debe aceptar con cierta madurez sus limitaciones.