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Viernes, 02 de Julio de 2010 22:19 |
El lunes 5 de julio, a las ocho de la tarde, en la Plaza Nueva , 16 entidades defensoras de la vida van a concentrarse para «entrar a vivir» ÁNGEL PÉREZ GUERRA Día 02/07/2010 abcdesevilla.es
La grima recorrió a muchos anteayer al escuchar la voz furiosa del sindicalista azuzar a las huestes a los gritos lacerantes de «¡Vamos a muerte!» y «¡Entraremos a matar!». A matar vienen entrando algunos desde que manejan ciertos poderes fácticos, hace ya demasiados años. Entonces consiguieron que se supeditara el derecho a la vida al de la mujer a no sufrir en su salud o en su estabilidad mental las consecuencias de la maternidad.
Hasta hoy, hemos convivido con la trágica paradoja de proteger al nasciturus como «bien jurídico» y permitir que sea arrojado sin reparos al cubo de la basura. La frivolidad ha cautivado nuestra política desde entonces. Y ya hay bastante más de un millón de «personas humanas» (por seguir la jerga del bolchevique) que no podrán entrar a matar porque alguien más fuerte que ellos hizo lo propio con sus cuerpos.
Con todo, la Historia se parece mucho a los ríos de zonas lacustres, como el nuestro, que son críos juguetones con un terreno árido, al que el agua da las formas que se le antoja. Los meandros de las culturas puede que nos deparen muchas sorpresas todavía. Escribo esto cuando el TC ha tomado en consideración la posibilidad de suspender la entrada en vigor de la Ley Aído. El recurso del Partido Popular así lo pedía, desempolvando algo que nunca debió tumbarse aunque estorbara a los propósitos de la izquierda: la suspensión cautelar o recurso previo de constitucionalidad.
La pretensión de los populares de que la admisión del contencioso supusiera la desactivación temporal de la ley dado el carácter absolutamente irreversible de sus consecuencias pone contra las cuerdas a toda esa parafernalia farsante de las fuerzas políticas y sindicales que han ido «a muerte» en su permanente abolición del derecho más esencial que existe y sin el cual nunca se podría haber redactado la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
El próximo lunes, a las ocho de la tarde, en la Plaza Nueva, dieciséis entidades defensoras de la vida van a concentrarse para «entrar a vivir» y pedir al Tribunal Constitucional que siga con su labor de justicia en nombre de quienes nada pueden y han sido concebidos en territorio nacional. Animo desde aquí a quien haya sentido miedo frente a los apóstoles de la muerte a que desagravie a ese río de seres humanos que han sucumbido en estos casi treinta años de oprobio abortista y suden la camiseta —ésta sí nacional— para salvar la vida de quienes van a depender de doce magistrados con piedad para poder conocer la multicolor alegría de vivir.
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Hoy, como hace casi dos mil años, conseguiremos acabar con la mayor vergüenza de nuestro momento histórico: que cientos de miles de mujeres en España, y muchas más en el mundo, tengan que pasar por la tortura del aborto porque la sociedad le da la espalda y no le ayuda.
¡¡¡Mientras hay vida, hay esperanza!!!
¡¡¡Hay alternativas a la muerte por aborto!!!
¡¡¡Mujer: no estás sola!!!