En España, la familia sigue siendo una institución fuerte y arraigada, donde el 98% de los españoles viven en familias y donde la aspiración de la inmensa mayoría de la población a formar una familia sigue, pero no podemos dejar que las leyes anti-familia acaben con este legado
La Razón 07/01/12
Según un estudio realizado por la New Economics Foundation denominado Índice de Felicidad del Planeta , Costa Rica sería el país más feliz del mundo, seguido por la República Dominicana, Jamaica, Guatemala y Vietnam. España se encuentra en el puesto número setenta y seis de la lista A diferencia de otras investigaciones semejantes, estos datos no se refieren tanto a condiciones materiales o ambientales que condicionan a sus habitantes, sino al sentimiento subjetivo de los mismos, lo que explicaría que países que desde Occidente consideramos como subdesarrollados acaparen los primeros puestos.
El profesor Easterlin, de la Universidad del Sur de California ya lo enunció en su momento: "las sociedades ricas no son necesariamente más felices que las pobres", entre otras cosas, porque el estándar del bienestar aumenta, provocando que sea mucho más difícil para el individuo estar satisfecho con su situación personal.
La paradoja entre el bienestar material y el malestar espiritual renace en la actualidad auspiciada por las graves circunstancias que padecen una gran parte de los ciudadanos del mundo y más concretamente, en España.
Pronto conoceremos si el gabinete que tenemos en ciernes será de mera vocación contable o si por el contrario se tratará de un equipo que aunará en sus filas propósitos materiales y espirituales. Hasta ahora, de los únicos que han hecho gala han sido de los primeros obviando completamente los segundos. ¿Debemos recordarles a los gobernantes que la población es el mayor activo de un país y que ésta se estructura en millones de familias?.¿Cuentan entre sus “activos financieros” que la familia que funciona ahorra dinero al estado? o ¿hay que recordarles que la familia, basada en el matrimonio, compromiso de estabilidad, fidelidad y esfuerzo mutuo, es el más eficaz generador de capital social?
El informe Meil destacó hace unos días el gran capital de apoyo mutuo que, entre familiares, existen en tiempos de crisis donde el paro o la quiebra han llevado al 23% de los ciudadanos a donar dinero a un familiar con el que no conviven. También pone de manifiesto que el 33% de los españoles que han comprado una vivienda en los últimos años lo han hecho con la ayuda económica de familiares, principalmente de padres, que les han prestado dinero sin intereses o avales.
Actualmente, dos tercios de las familias que tienen hijos menores de tres años cuentan con la ayuda de los abuelos para sacarlos adelante. Y si las horas que dedican los abuelos a los nietos y las que invierten en general los miembros de las familias para ayudarse entre sí en tareas burocráticas, reparaciones y de otro tipo tuvieran que pagarse, supondrían entre el 2% y el 3,7% del Producto Interior Bruto (PIB), en función del precio al que se cobraran.
En estos últimos años en los que nos han querido convencer de la prioridad de las ayudas sociales y del bienestar general, las políticas y las leyes han debilitado la familia: el matrimonio se ha convertido en un “contrato basura” gracias al «divorcio exprés» y al «matrimonio» homosexual -según datos del INE, en 2010 se produjeron 110.321 disoluciones de matrimonios, un 3,9% más que en 2009-, siendo el divorcio la mayor causa de pobreza femenina en la UE. Vivimos en un invierno demográfico donde del aborto ha pasado a ser un derecho convirtiéndose en la principal causa de mortalidad o donde se populariza la píldora del día después e, influenciados por la ideología de género, se quiere eliminar toda idea de que hay una familia natural. Incluso las políticas de dependencia que se han creado, son la constatación de que hay gente mayor y enferma que no tienen quien las cuide, cuando antes, esta tarea también era asumida dentro del ámbito familiar, cuando una persona no tiene quien le acoja se convierte en un gasto para el Estado . En este orden de cosas, España ocupa el último puesto de los veintisiete países de la Unión Europea en medidas de ayuda y protección a la familia, ámbito natural en el que la gente viene al mundo.
En España, la familia sigue siendo una institución fuerte y arraigada, donde el 98% de los españoles viven en familias y donde la aspiración de la inmensa mayoría de la población a formar una familia sigue, pero no podemos dejar que las leyes anti-familia acaben con este legado
El futuro de la humanidad pasa por fortalecer la familia como institución y hábitat natural donde cada persona nace, aprende a relacionarse y donde se es querido por lo que se es. Si la familia funciona, está ayudando a un ahorro de gasto público y, como la economía somos las personas, todo aquel que hace familia está haciendo economía al mismo tiempo. Desde este punto de vista, compensa invertir en familia para no tener que invertir después en ella, cuando ha fracasado, ponerla en riesgo tiene costes sociales, sanitarios y económicos.
Urge recuperar las claves morales e intelectuales, que en el fondo es donde está la convicción de que hacer familia es posible y fuente de una gran felicidad.
Victoria Blasco López