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JUVENTUD, ¿DIVINO TESORO O DIVINO PROBLEMA? PDF Imprimir E-mail
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Sábado, 19 de Febrero de 2011 20:22

"LA EDAD DE LA IRA" Fernando J. López

Adolfo Caparrós Gómez de Mercado Doctor y profesor de Lengua y Literatura

Viajamos con ellos en el metro, siempre hay alguno en la cola del cine, y rara vez nos los topamos en el supermercado. Son los adolescentes, ese gran misterio a quien Fernando J. López dedica su última novela, La edad de la ira –editorial Espasa-Son los eternos incomprendidos de la sociedad. Todos nosotros hemos sido adolescentes, y todos nosotros hemos sufrido esa barrera que nos separaba de nuestros padres y abuelos, algunos más, otros menos, pero en el fondo, hasta los más sumisos han tenido alguna vez en su vida un gesto de rebeldía. La trama de la novela se desborda en casos de asesinato, agresión, pederastia… Evidentemente, todo está muy condensado para hacer la trama atractiva. En todo caso, no está de más estar al día de lo que está ocurriendo en el mundo de la educación secundaria. Para muestra, un botón.

El otro día pasé por la Facultad de Ciencias de la Educación, y en la explanada de la entrada principal había dibujado uno de esos perfiles con tiza que se hace siguiendo la silueta del cadáver. Al lado la siguiente leyenda, no es textual, pero sí muy aproximada “Aquí yace una nueva víctima del actual sistema educativo”

Fernando J. López va más allá, haciendo girar la conciencia sobre la sociedad. Es muy fácil culpar de todo a las leyes educativas, a los profesores, y al Lucero del Alba, si hace falta, pero ¿qué responsabilidad tenemos cada uno de nosotros en el actual estado de la cuestión?

Desde luego, no se le puede negar a esta energética y vital novela que no meta el dedo en la llaga y que nos haga reflexionar sobre quienes, nos guste o no, van a dirigir el futuro del país en menos tiempo del que parece. Los años corren muy deprisa, estamos ya en 2011, y cuando queramos darnos cuenta, alguno de estos adolescentes será presidente del gobierno.

En el aspecto formal destaca la velocidad con la que transcurre la acción. Que la novela recurra al género epistolar, en este caso, muy moderno, con correos electrónicos, pinchos de memoria, etc., aporta verosimilitud y refresca el transcurso de estas 317 páginas, que les aseguro, se les harán cortas. El chico de la cubierta recordará a más de uno de nuestros lectores a algún vecino, o sobrino, o incluso a sus propios hijos.

Si la fuerza de El Lazarillo de Tormes, o El Buscón, estaban en el relato de la vida de los bachilleres, y son lecturas que llegan mucho a esas edades, cualquier adolescente se verá igual de reflejado en este libro que en las series de televisión en las que los protagonistas son como ellos. “Juventud, divino tesoro” que dijo Rubén Darío, precisamente, el poeta que da nombre al Instituto en el que se desarrolla la acción.

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