Las mujeres maduras y de la tercera edad ya pueden sumar a los habituales achaques de cumplir años una afección más que, aunque no está reconocida como enfermedad, se ha multiplicado en los últimos años, coincidiendo con la ‘dichosa’ crisis económica.
Sandra Morales - El Mundo, 3 de septiembre 2011.
Si usted es mujer, tiene entre 48 y 68 años y padece conjuntamente distintas dolencias como hipertensión arterial con oscilaciones bruscas, sofocos, taquicardias, palpitaciones en el cuello o tórax, dolores en el pecho, mareos, hormigueo..., cumple todas las papeletas para sufrir el Síndrome de la abuela esclava.
Si además, percibe una sensación continua de debilidad y decaimiento, acompañada de síntomas emocionales -como malestar general indefinido, tristeza, desasosiego o desánimo- y caídas fortuitas en las que no suele perder el conocimiento, ¡bingo!, sin duda sufre el Síndrome de la abuela esclava.
La ciudad de Vila-real (Castellón) ha incluido en su programación dedicada a la Mujer el curso dedicado a este síndrome, con el objetivo de “innovar y dar respuesta a los intereses de la mujer actual”, según explica la concejala, Mónica Álvaro. Este taller está dirigido “a todas aquellas mujeres sometidas a sobrecargas de trabajo y muchas responsabilidades, aunque no todas tengan nietos”, explica.
Y es que, la crisis económica ha acuciado este problema entre las mujeres con cargas familiares, que observan cómo sus hijos pierden el trabajo, la vivienda o el matrimonio y se ven obligados a regresar al núcleo familiar, en ocasiones con sus propios nietos. “La responsabilidad que asumen estas madres-abuelas les llega al extremo de hacerlas enfermar, ante la incapacidad de poner límites a sus tareas”, explica Neus Batalla Soriano, psicóloga y psicoterapeuta Gestalt encargada de impartir el taller en Vila-real.
“El Síndrome de la abuela esclava nace en la consulta del cardiólogo Antonio Guijarro Morales, profesor de la Universidad de Granada, que observó que tenía un grupo de mujeres con síntomas de enfermedades cardiacas que no mejoraban con el tratamiento convencional que se les administraba para sus dolencias”, explica la psicóloga.
Con el tiempo se dio cuenta que estas mujeres compartían una serie de características psicológicas y sociológicas “de estrés familiar excesivo mal tolerado, que la paciente no había contado al médico y que la familia ignoraba”. “Así pues, reduciendo el estrés familiar al que estaban sometidas durante unas semanas, las pacientes se curaron o mejoraron sus dolencias de forma espectacular”.
Postguerra y franquismo
Las mujeres con estas dolencias cumplen un perfil concreto: amas de casa con responsabilidades familiares que les sobrepasan, educadas en el excesivo sentido del deber, por lo que no suelen quejarse de la situación que padecen, ya que consideran “que no está bien”, mujeres entregadas en cuerpo y alma a la familia “y muchas son mujeres de la postguerra y el franquismo, educadas para trabajar y obedecer sin pestañear”, reflexiona la experta.
El diagnóstico no es sencillo, reflexiona Neus Batalla, “debido a que son diagnosticadas de enfermedades comunes, pese a que no mejoran con el tratamiento habitual para esas dolencias”.
A este problema se suman el hecho de que no suelen reconocer el estrés al que están sometidas, “porque les enseñaron a responsabilizarse de la familia”. “Reconocer que no soportan tanta tensión familiar para ellas sería indigno, y generaría mucha culpa. Por eso prefieren no contarlo y esta falta de lamentaciones es el principal problema para atajarlo, pues los síntomas que ellas muestran, por ejemplo ansiedad o tristeza, intentan curarse con fármacos incluso con hospitalizaciones”.
No existe en síndrome en el abuelo
Una vez en el hospital y sin cargas familiares, estas mujeres mejoran de forma muy notable, pero al volver a su rutina cotidiana resurgen los síntomas, advierte la psicóloga, quien matiza que aún en esta nueva década, no existe el Síndrome del abuelo esclavo. “Los abuelos ayudan pero ninguno llega a un grado de entrega familiar tan extremo como las mujeres, no solo porque ellos se rebelan antes, y se expresan con más claridad, sino también porque la propia familia nunca pide a los abuelos las mismas tareas que exigen a las abuelas. La raíz de esto está en la educación que hemos recibido”, aporta.
Para mejorar de esta enfermedad, la experta aconseja a las abuelas que busquen un equilibrio entre sus obligaciones y capacidades y sepan decir ¡hasta aquí! “Que se pongan límites y los acepten”, concluye.