La presión agobiante a la que nos somete el feminismo radical -que está logrando aplicar sus obsesiones- está amenazando los derechos más básicos, como el de los padres a educar libremente a sus hijos
24/03/2010 | Ramon Pi AlbaDigital.es
No me refiero a todas las feministas, sino a las feministas de la ideología de género, a las llamadas “feministas radicales”, que no se sabe qué quiere decir eso, porque entre las feministas también hay odios africanos e incompatibilidades irreductibles; me refiero a las feministas que no están nada contentas de ser mujeres y quieren suprimir la diferencia entre ser mujer y ser varón; porque a ellas tampoco les gustan los varones.
A estas feministas que se han inventado un lenguaje orwelliano y quieren que todos comulguemos con él, estas feministas que siguen en España a una pintoresca señora que alcanzó cierta notoriedad por reivindicar el mal, éstas que gozan de la devoción de Rodríguez Zapatero, esa lumbrera.
A éstas me refiero, y éstas son las que afirmo que son totalitarias, que no tienen nada que ver con la democracia ni menos aún con la libertad. Éstas están envenenando nuestro ordenamiento jurídico y enviando al desván la misma convivencia civil; y si las dejamos, son las que pervertirán a nuestros niños desde la más tierna infancia.
A estas feministas, eso de que el varón tenga el sexo convexo y la mujer lo tenga cóncavo les parece una injusticia. También les parece injusto que, por regla general, el esqueleto masculino sea más robusto que el femenino y el varón tenga más fuerza física que la mujer. Por decirlo de una vez, la realidad les parece una injusticia.
Parecen incapaces de ver el mundo y la vida desde cualquier perspectiva distinta de su sexo de mujeres, que no les gusta porque, como digo, creen que las determina hacia una situación de sumisión y esclavitud respecto de los varones. Son como monomaníacas del sexo, pero al revés: lo quieren destruir o, por mejor decir, quieren destruir la diferencia entre los sexos. ¿Y cómo hacerlo? No quieren ser hombres; ser hombres les da asco. Pero ser mujeres, también. Así que han decidido declarar injusta a la realidad.
Lavado de cerebro
Todo esto sería cosa de chistes o de psiquiatras, a no ser que esas feministas tengan el poder. Y resulta que en España lo tienen, y en muchos otros lugares del mundo no lo tienen, pero es como si lo tuvieran, porque desde hace cuarenta años han infiltrado sus disparates por medio de mentiras elaboradas con medias verdades, y, ayudadas por la pasividad general, han conseguido lavar el cerebro de mucha gente con supuestos dogmas como éstos: 1) dedicarse a tener hijos y ocuparse de su crianza y educación es una tarea inferior. 2) Las labores domésticas son propias de esclavos. 3) La única posibilidad de realización personal es la vida pública. 4) La mujer necesita ser liberada (¿de qué? ¡del hecho de ser mujer!). 5) La liberación de la mujer pasa necesariamente por el derecho a abortar a sus hijos, si quiere. He aquí cinco falsedades enormes, nocivas y venenosas que alguien tiene que decir que no son sino fruto del odio, la ignorancia y el desequilibrio mental.
En el ordenamiento jurídico español, todos estos falsos dogmas ya están plasmados en leyes. Pero como la realidad es muy tozuda, la gente sigue con un considerable apego a la realidad de las cosas. Y entonces, ¿qué hacen nuestras feministas? Algo muy coherente: han establecido, con el inestimable apoyo de la torpe y sectaria ignorancia de Rodríguez Zapatero, la enseñanza obligatoria de los falsos dogmas a todos los niños desde la escuela primaria. Pero ¿y la libertad? ¿Y el derecho de los padres a educar a sus hijos? Ah, eso no va con ellas.
Ellas son unas revolucionarias. Por eso digo, y repito, que estas feministas nuestras no tienen nada que ver ni con la libertad ni con la democracia. Son unas totalitarias de tomo y lomo. Es posible que ellas no se lo crean y actúen sinceramente. Pero también Lenin era sincero cuando postulaba la revolución para emancipar a los campesinos del poder zarista. Y ya sabemos lo que ocurrió.