La crisis es un monstruo que devora todas las percepciones, y por eso corremos el riesgo de que cuestiones decisivas desaparezcan de la agenda política e incluso de nuestras mentes a pesar de su importancia. Deseo referirme a una de ellas, al hilo del reciente informe OCDE sobre la situación de las familias en los países que forman parte de esta organización internacional.
Josep Miró i Ardèvol - Forum Libertas, 22 de julio 2011.
De las cifras que aporta se percibe rápidamente la situación anómala y escandalosa de España en relación al trato que da a las familias y a los niños. De todos los países de la OCDE, España es uno de los que menos recursos públicos dedican en beneficio de las familias. Si la media de los estados miembros de la organización es 2,2% en porcentaje sobre el PIB, la de España es sólo del 1,6. Es una diferencia que en términos monetarios resulta abrumadora. Pero además hay que considerar quién forma parte de esta organización internacional. No se trata sólo de países ricos, sino evidentemente de todos los europeos incluidos los del Este de Europa, así como México, Turquía, Corea, Israel, Chile, entre otros; es decir, estados que no se encuentran ni mucho menos en el top de los mejor dotados económicamente. Esta consideración empeora todavía más el resultado español.
Pero eso no es todo, el porcentaje de pobreza infantil en España es uno de los más altos de la OCDE. Si la media está en 12,7, en España alcanza el 17,3, detrás nuestro solamente se encuentran tres países: México, Turquía y Polonia. Todos ellos con rentas por persona muy inferiores a las nuestras. Es decir, no sólo este Estado, y por lo tanto también la sociedad, se ha olvidado de la familia, sino que todavía se ha olvidado más de los niños pobres.
Cuando se interroga a las autoridades, a los pedagogos, a las organizaciones empresariales o a los propios sindicatos sobre un problema tan terrible para nuestro futuro como es el fracaso escolar, nunca aflora esta razón: la de la pobreza infantil, porque existe una relación entre una y otra cosa. No es el único factor ni mucho menos, pero sí es uno de los factores a tener en cuenta.
A partir de ahí, a quién le puede extrañar que, también en relación con el conjunto de países de la OCDE, España sea uno de los que presenta peor índice de natalidad del mundo. Con estos miembros, ¿quiénes creen realmente en el futuro de España más allá de quienes se comprometen con sus hijos?