Por una familia sostenible
Children’s Society, la ONG más antigua y prestigiosa del Reino Unido en lo que se refiere a la protección de la infancia, acaba de publicar un estudio con unas conclusiones claramente revolucionarias para lo que se lleva a estas alturas del siglo XXI, y que pueden resumirse en una frase: no es justo que los niños estén pagando las consecuencias de la irresponsabilidad de sus padres.
¿Cómo se justifica esa denuncia? De acuerdo con las conclusiones, tiene mucho que ver con el aumento del número de rupturas familiares. Los datos demuestran la relación entre la estabilidad en la relación de los padres y el bienestar, la autoestima y los resultados académicos de sus hijos, siempre que esa estabilidad no suponga violencia.

El informe añade que varios hechos deberían preocupar seriamente a la sociedad, como que el 28% de los hijos de padres que se separan han perdido contacto con uno de ellos tres años después, o que el 15% de las mujeres que dan a luz ya han roto con el padre de ese niño, o que el 33% de los adolescentes británicos no convivan con su padre biológico. Como dice Frankie (14 años) en uno de los testimonios que se aportan, “todos los niños deberían tener derecho a vivir en un lugar feliz y a sentirse seguros y queridos. Yo no he podido disfrutar de algo así, aunque sé que mis padres querrían algo mejor. Lo que pasa es que siempre se pelean y acaban pagándolo conmigo”.
Las soluciones que se proponen tienen que ver, cómo es lógico, con el fortalecimiento de la relación de pareja desde el primer momento, de modo preventivo, para que cuando llegue el momento de la dificultad les encuentre fuertes, no tanto o no sólo por su bien sino, sobre todo, por el de sus hijos. Se añaden además cuatro propuestas concretas para quien quieran ser padre:
- que sepa que eso supone un compromiso a largo plazo, que no se puede romper unilateralmente;
- que acuda a algún curso para informarse bien de lo que supone;
- que sepa que el amor a los hijos se demuestra cuidando a la pareja y estableciendo normas de funcionamiento del hogar;
- que la atención a los hijos debe incluir no sólo su cuerpo, sino también su espíritu.
También hay propuestas para los educadores, los responsables de medios de comunicación, los anunciantes y, sobre todo, para el gobierno, que terminan resumiéndose en una petición a toda la sociedad: “que todos adoptemos una actitud más positiva hacia los niños, que los acojamos con cariño y tratemos de ayudarles”. Porque está claro que la solución ante la falta de responsabilidad de los padres no es que casi nadie tenga hijos -eso sería la peor forma de hacérselo pagar a ellos-, sino que se les facilite la formación necesaria para que logren adquirirla.
Las reacciones a ese estudio no se han hecho esperar, y van desde la sorpresa hasta la acusación de querer volver a la edad media, pasando por el escándalo y la negación de la evidencia. Pero nadie puede negar que las 35.000 entrevistas y los dos años de trabajo confirman que no vivimos en el mejor mundo de los posibles, y que tenemos que seguir buscando la forma de cuidar a los que ahora son más débiles y luego tendrán en sus manos el futuro, también el nuestro.