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Lunes, 08 de Marzo de 2010 18:05 |
Los únicos que van a dejar de ir a la cárcel con la nueva ley son los canallas que mataban y trituraban fetos de cinco meses en las clínicas abortistas de Madrid y Barcelona
POR ÁLVARO YBARRA PACHECHO. DIRECTOR DE ABC DE SEVILLA Lunes , 08-03-10 a las 10 : 43 José Luis Rodríguez Zapatero y Bibiana Aído, con la inestimable colaboración de los medios de comunicación públicos y de los afines, festejaron el sábado la aprobación de la nueva ley del aborto como un hito en la conquista de los derechos de la mujer. A partir de ahora, dijo la ministra de Igualdad, las españolas tendrán garantizada la seguridad jurídica para ejercer sus derechos de mujeres libres. A partir de ahora, dijo el presidente, ninguna mujer irá a la cárcel por abortar.
Pues bien, ambas proclamaciones, a partir de ahora, no son más que las dos caras de una misma falsedad: Nadie tiene derecho a matar a nadie, ni por ser mujer ni porque la víctima sea un ser no nacido, es decir, indefenso y expresamente protegido por la Constitución; y nadie en España está en la cárcel por abortar. Los únicos que van a dejar de ir a la cárcel con la nueva ley son los canallas que mataban y trituraban fetos de cinco meses en las clínicas abortistas de Madrid y Barcelona. Con estas dos mentiras de grueso calibre Zapatero y la ministra Aído trataban de contrarrestar el eco de las concentraciones por la vida que se celebraron ayer con gran éxito de convocatoria en todas las capitales de provincia de España. Pero, sobre todo, lo que pretendían los dos dirigentes socialistas era justificar la aprobación de una ley que sólo habían reclamado los grupos feministas radicales y que va en contra de los sentimientos y de las convicciones morales de un amplio sector de la sociedad española. Aunque las ministras socialistas hayan celebrado sonrientes y alborozadas cada trámite legislativo dado en pro de legalizar el aborto libre, miles de ciudadanos dejaron claro ayer que la defensa de la vida y el derecho a nacer no son fruto de tabúes morales sino la expresión rotunda de un humanismo hondamente arraigado que entiende que la muerte masiva de los inocentes es un atentado a la dignidad del ser humano. Este grito multitudinario a favor de la vida tuvo ayer,un carácter familiar, pacífico y reivindicativo. Al contrario que en las manifestaciones de los proabortistas no hubo insultos ni descalificaciones. La vida es algo demasiado hermoso para perder el tiempo en invectivas contra quienes confunden la libertad con el hedonismo. La lucha de los que se oponen a la nueva ley tiene que basarse en los valores positivos que emanan del humanismo cristiano, cuya validez universal está por encima de coyunturas legales que algún día se revelaran como lo que son, un atentado contra la dignidad de las personas. Llegará ese día, pero mientras tanto serán necesarias nuevas voces que se incorporen al coro general. Por la vida.
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