En los primeros nueve meses de la ley Morir con Dignidad del Estado de Washington, 63 pacientes terminales recibieron medicación letal para poner fin a sus vidas. De ellos, 36 murieron directamente; hubo complicaciones con las sustancias en tres personas. Son los datos difundidos por el Departamento de Salud del Estado, que permite a los médicos recetar drogas letales a pacientes con una expectativa vital de seis meses o menos. Aprobada por los votantes en 2008, la ley de suicidio asistido entró en vigor hace un año.
El informe, que analiza los datos de 2009, señala que 53 médicos prescribieron 63 recetas. El 48 por ciento de los pacientes habían estado bajo el cuidado de su médico menos de seis meses. Un total de 47 personas que se acogieron a la ley habían muerto, algunos de su enfermedad subyacente. De ellos, casi el 8o por ciento tenían cáncer, el 90 por ciento algún tipo de seguro y más del 6o por ciento educación universitaria.
"Muchas personas no toman la medicación prescrita, lo que indica que la gente no tiene prisa", dice Robb Miller, director de Compassion and Cholees, un grupo que apoya esta ley. "Esto muestra que un número significativo de personas usan la ley para tranquilizar su conciencia y mantener el control, una especie de seguro. Pero la gente no quema su casa sólo por tener un seguro contra incendios". De los pacientes que fallecieron, a todos les preocupaba la pérdida de autonomía, según el informe. La mayoría se inquietaban por la pérdida de la dignidad y la capacidad de hacer cosas agradables. Diez de ellos no querían ser una carga para sus seres queridos.
Sólo tres pacientes requirieron evaluación psiquiátrica o psicológica, que no contempla la ley. Este bajo número le preocupa a Eileen Geller, presidente de True Compassion Advocates, grupo opuesto a la aprobación de la ley. "En realidad, la mayoría de las personas que sufren una enfermedad grave o crónica tienen en algún momento depresión clínica no tratada. Tales peticiones son gritos de ayuda, como cualquier petición previa a un suicidio. Cuando alguien dice ¿qué va a pasar conmigo, con mis finanzas, con mi familia?, ¿en realidad quieres tratarle de otra manera y decirle Bueno, aquí hay algunas drogas letales?".
Cuando se analizaron las complicaciones, el informe encontró que un paciente había vomitado las drogas y dos despertaron después de tomarlas, pero la mayoría quedó inconsciente en los diez minutos siguientes y murieron en los 90 minutos tras la ingestión. Según Miller, una de las tendencias más desagradables ha sido que muchos pacientes esperan demasiado tiempo para solicitar los medicamentos. El proceso requiere una solicitud escrita y dos orales, y esperar 15 días entre las solicitudes orales. Y dos médicos deben firmar la petición. Este proceso tarda por lo menos un mes, y muchos pacientes no tienen tanto tiempo. "Esperan hasta el último minuto y para muchos es una demora muy amarga".
En algunas zonas del Estado encontrar un médico dispuesto a prescribir drogas letales ha sido difícil. Miller recuerda que un paciente tuvo que viajar de Spokane a Seattle para encontrarlo. Tom Presón, director médico de Compassion and Cholees, dice que el número de médicos dispuestos a recetar estas drogas ha crecido, pero no ha citado cifras. La web del Departamento de Salud indica que 82 personas solicitaron estas drogas en 2009, y que 52 murieron por la medicación u otras razones. Presión añade que su grupo ha trabajado con casi el 8o por ciento de estos pacientes, y que ha estado presente en muchas de las muertes. "Me ha sorprendido que sean tan pacíficas, y la actitud de los familiares y amigos". El número de muertes es de aproximadamente el uno por mil de muertes en el Estado, proporción similar a la del primer año de aplicación de la ley en Oregón, donde ya llevan doce años con ella
(Seattlepi.com. 4_III-2010- Traducido por DM, 11-III-2010).
Existen dos tipos de situaciones. Por una parte está la situación del paciente terminal, cuando al enfermo solo le quedan unos pocos días o semanas de vida
“Si la persona sufre ,pueden aumentarse las dosis de medicamentos, incluso aunque esto implique el efecto secundario de abreviar la vida. Se puede también dormirla con la ayuda de sedantes, o detener, si ella lo pide, un tratamiento que la mantenga viva artificialmente. La ley dice también que, en tales circunstancias, la calidad de la vida prima sobre su duración. En resumen, la legalización de la eutanasia resulta inútil en este supuesto”.
Otra segunda situación se da en casos de enfermedad grave e incurable, pero sin que la muerte resulte inminente. Se trata de una situación en la que la persona reivindica su derecho a morir diciendo: ‘es mi elección, mi libertad, quiero morir, ayúdeme a hacerlo’. En esta hipótesis la persona puede suicidarse; es un ‘derecho libertad’, pero no es un derecho que pueda exigir ante la sociedad. En otras palabras, la sociedad no tiene que asumir ese gesto por ella.
Como en todo, no se puede generalizar porque hay “matices”.