El gimnasio donde se desarrolla el amor humano es la amistad, y ésta se vuelve con el tiempo parte integrante de todo amor adulto y maduro, es como la base de las otras formas de amar. La amistad es tan importante que, cuando falta su experiencia, la capacidad de amar se vuelve débil e inconstante.
El amor sin la amistad es como un castillo de arena: fácil de construir, precioso a la vista, tierno y mono, pero llega un malentendido, se presenta el momento de la verdad o de la autoexigencia desinteresada (viento y olas) y se corta la relación (se desmorona el castillo). La amistad es una realidad muy profunda, sus raíces no son los sentimientos, aunque estos sean importantes y estén presentes en todo tipo de amor humano, sino la inteligencia y la voluntad.