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Home Vida "SIN MI HIJO YA ME HUBIERA MATADO"
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Escrito por Administrator   
Jueves, 04 de Noviembre de 2010 11:00

Dos mujeres relatan cómo sacaron adelante su embarazo, con sus familias y sus parejas en contra y sin información ni ayudas sociales
Una asociación asturiana ampara a las mujeres que deciden tener a su hijo y a las que necesitan apoyo psicológico tras un aborto


Oviedo, Elena FDEZ.-PELLO
«Mi madre se enfadó conmigo, me dijo que no lo tuviera, que abortara. Llamé a mi tía, que es enfermera, y también me dijo que abortara. Y yo sólo lloraba, lloraba...». Cerca de la treintena, con estudios universitarios y un empleo de administrativa, Alba -un nombre ficticio con el que preservar su identidad- se quedó embarazada. Su relación de pareja agonizaba y todo el mundo tenía muy claro lo que debía hacer; todos, menos ella. «Hubiera abortado, lo hubiera hecho de no encontrar el apoyo necesario. Ya tenía cita en una clínica», cuenta. Pero no llegó a hacerlo porque, dice, no podía evitar ver en el hijo que ya tenía el reflejo del que estaba por llegar, le pesaban sus creencias religiosas y siempre había sido contraria al aborto. Lloraba y lloraba, y en su desesperación por sacar adelante su embarazo dio con el teléfono de Madres Asturianas en Riesgo (MAR), una asociación que ofrece apoyo a las mujeres embarazadas.

La historia de Irene -tampoco éste es un nombre real- es diferente. Llegó a Asturias desde Valladolid años atrás, montó su propio negocio, conoció a un chico, se quedó embarazada, decidieron seguir adelante... Hasta aquí todo perfecto, hasta que el médico le informó de que su hijo nacería con labio leporino y que existía la posibilidad de que sufriera «algún síndrome». El padre desapareció y ella se quedó «sola, asustada y sin dinero». Su negocio fue uno de los tantos que sucumbieron a la crisis. Irene no tenía prejuicios religiosos e inmediatamente pensó en abortar. «¿Dónde voy yo con esto?», pensaba. Sin pareja, con una hipoteca... «No tenía dinero ni para abortar», recuerda. Buscó y buscó, como Alba, y encontró un teléfono gratuito y al otro lado de la línea una voluntaria de MAR.

Alba necesitaba apoyo moral, que le dijeran que era capaz de tener a su hijo y «que no estaba sola»; Irene estaba asustada y no conseguía entender el alcance de la enfermedad que le habían diagnosticado a su hijo. «Pensé que iba a tener un ogro», admite. Ambas se sintieron desamparadas y en la conversación aparece a menudo la palabra «sola». Nadie les explicó qué alternativas tenían, explican, y se las empujaba a decidir a contrarreloj, cuando no estaban en disposición de pensar con claridad. No se les ofreció ninguna ayuda ni se las orientó, se quejan. Su impresión, comentan, es que todo el mundo quería quitarse el problema de encima.

Irene tomó la decisión de seguir adelante con su embarazo después de visitar, acompañada por Inmaculada Fernández, la presidenta de MAR, la consulta de una doctora en Avilés, que le explicó con pelos y señales las consecuencias de la enfermedad que le habían diagnosticado a su hijo.

Actualmente, la situación económica de Irene es muy precaria. Alba también ha perdido su empleo, después de que su empresa se declarase en suspensión de pagos. Irene no quiere pedir dinero ni preocupar a su familia. «Son maravillosos, pero muy humildes», les disculpa, y dice que, para ellos, aún resulta difícil de aceptar que el padre de su hijo es un hombre negro. El pequeño de 9 meses, que acompaña a su madre adormilado en su sillita, ya ha superado la primera operación para subsanar su problema genético. Nació con el labio superior y el paladar abiertos; ahora, tras la intervención, su aspecto es el de cualquier otro bebé, y en enero tendrá que pasar de nuevo por quirófano para unir su paladar. «No tengo nada, sólo a mi hijo. Sin él me hubiera matado», se desata Irene en un ataque de sinceridad.

Minutos después, Alba cuenta llorando que cuando su niño nació «lo primero que hice fue pedirle perdón por haber pensado en abortar», y dice que la abuela del bebé, que al principio mantenía cierta distancia con él, ahora no puede evitar reírse cuando el pequeño se encarama a su cama.

MAR es una de las asociaciones que, junto al Foro de la Familia de Asturias y Red Madre Asturias, han presentado una iniciativa legislativa popular a la Junta General del Principado para dotar a la comunidad de una red de centros y un plan integral de apoyo a las embarazadas para evitar abortos. Apenas dispone de recursos: un diminuto local junto a la iglesia de San Lorenzo, en Gijón, donde almacenan carritos, cunas, ropita de bebé, leche... lo que las propias mujeres y las voluntarias aportan; una línea de teléfono gratuita -con el número 900200207- y una página web y un correo ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla ). Quien colabora con MAR lo hace altruistamente -muchas de las voluntarias son chicas que acudieron pidiendo ayuda para seguir con su embarazo o tras un aborto-, y con esa estructura tan elemental y algunos donativos ya cuentan en su haber con 91 nacimientos y no sólo en Asturias, porque a ellos recurren mujeres de otras provincias que saben de su existencia por internet.

«Todo el mundo te ofrece abortar, pero nadie habla de ayudarte», comenta Patricia Bernabeu, que hace las veces de tesorera de MAR. El núcleo central se completa con Isabel Diego (vicepresidenta) y Aurora Llavona (vocal). La asociación entrega un folleto informativo que describe el desarrollo del feto semana por semana, los distintos procedimientos para abortar y las consecuencias del «síndrome post aborto», que presentan como algo parecido al síndrome postraumático, el duelo por el hijo perdido.

Los voluntarios de la asociación, que en enero cumplirá cuatro años, acompañan a las mujeres al médico, en el paritorio si es necesario y duermen con ellas en el hospital. Inmaculada Fernández es madre y se pone en su lugar. «Dar a luz sola es muy duro», dice, y todas -Alba, Irene, las voluntarias...- la secundan. Ser madre es difícil.

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