Sra. Cabezón, disculpe se me expreso con libertad, pero es que estamos en un país libre y yo prefiero morir escribiendo que vivir bajo sus tacones,
CARTA A SOLEDAD CABEZON
Sr. Director
Acabo de leer la nota de prensa que Dña. Soledad Cabezón, Solemnísima Inquisidora en materia de Igualdad del PSOE, ha remitido a los medios para pedir silencio sepulcral a la sociedad civil que no coincide con sus postulados sobre el aborto, las mujeres y la condición no humana de los fetos. La principal argumentación consiste en afirmar que no respetamos la diversidad de criterio, y que debemos callarnos porque no somos mayoría ¿En qué quedamos? ¿Está bien o mal la diversidad?
Al parecer, esta grandísima defensora de la mujer y los desamparados no se ha enterado de que este año, además de 22 mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, más de 50.000 han sido obligadas, por esas mismas parejas o exparejas, a pasar por el drama del aborto. Otros miles, han tenido que decidir entre abortar o perder su puesto de trabajo. Otras no tenían medios ni información de dónde conseguirlos, y otras, no han sabido cómo convencer al proxeneta que las explota, de que les deje tener a su hijo. Y finalmente, desde hace 25 años, son más de 1.000.000 las mujeres que padecen en España el terrible síndrome post-aborto.
Sra. Cabezón, sabemos que está Vd. en campaña electoral, pero por favor no hable de preocupación por la mujeres cuando su partido, ni hace ni deja hacer por ayudar a decenas de millares de ellas. Y digo que ni hace ni deja hacer, porque llevan oponiéndose sistemáticamente a las iniciativas legislativas populares que tratan de apoyar a estas mujeres.
Cerca de un millón de españoles hemos firmado ya para que se cree por ley una red integral de apoyo a estas mujeres que Vd.s ingnoran. A pesar de su oposición y sus insultos, la cosa ya es una realidad en los parlamentos de Castilla y León, Galicia, Valencia y Murcia, y no serán los únicos.
Sra. Cabezón, disculpe se me expreso con libertad, pero es que estamos en un país libre y yo prefiero morir escribiendo que vivir bajo sus tacones,
Fernando de Pablo Gómez