The Road (La carretera)
Año de producción: 2009
País: EE.UU.
Dirección: John Hillcoat
Intérpretes: Viggo Mortensen, Kodi Smit-McPhee, Guy Pearce, Charlize Theron, Robert Duvall, Michael K. Williams, Molly Parker, Garret Dillahunt
Mayores de 13 años
Amor inextinguible
Cine de altura, inolvidable, brutal. Por su sencilla historia, por su hondura antropológica, por su impactante puesta en escena. Ha tenido suerte el escritor Cormac McCarthy en las dos últimas adaptaciones de sus libros.
Un gran cataclismo ha asolado el planeta. Un padre y su hijo arrastran sus enseres en un carrito de la compra a través de un paisaje siniestro, desértico, oscuro, muerto, plagado de piedras y de troncos desnudos de árboles podridos, un lugar inhóspito que suponemos que un día fue un bosque lleno de colorido, donde miles de animales vivían en libertad y llenaban el aire con sus trinos y sus variados sonidos. Antes era un lugar normal, como tantos otros. Ahora no queda nada. Padre e hijo arrastran sus cuerpos, envueltos prácticamente en harapos. Viajan hacia el sur, hacia donde se supone que está el mar.
Un relato sencillo. Un viaje. Una odisea con destino incierto. Una increíble fábula sobre la dignidad humana. Sobre la lucha entre el bien y el mal en el mundo y en el corazón del hombre. Eso es The Road. Eso es también la vida, podría decirse.
Sólo el planteamiento le deja al espectador anonadado, sobrecogido. Es la supervivencia en medio del horror. El impacto es mayor gracias al trabajo estelar de Viggo Mortensen, escalofriante, que está muy bien secundado por el pequeño Kodi Smit-McPhee y por un elenco de grandes actores -Charlize Theron, Robert Duvall, Guy Pearce- que apenas cuentan con unos breves minutos en pantalla.
Asombroso resulta el paisaje infernal que John Hillcoat ofrece en el film. Los que han visto su película La propuesta ya saben el talento que tiene este director para colocar la agresividad del ambiente en primer plano, y al igual que en ese film, en The Road también la música atmosférica de Nick Cave y Warren Ellis parece salir de la tierra, de su transpiración. Pero aquí es especialmente terrorífico el mundo que describen las imágenes, un universo irrespirable que parece sacado del apocalipsis, donde no hay luz que pueda irradiar esperanza. Con esa fotografía gris, del color de la ceniza y de la muerte, el maestro español Javier Aguirresarobe logra que el corazón del espectador quede inmerso en el horror. Es el color de la desesperación, del miedo, de la tristeza. Y sin embargo, sin embargo...
Y sin embargo, ¡oh paradoja del arte y de la belleza!, hay pocas historias tan optimistas como la concebida por Cormac McCarthy y ofrecida por Hillcoat con absoluta fidelidad al original. La película rebosa amor. El amor de un padre por un hijo, el amor de un hijo por un padre. El amor al bien y a la conciencia moral -ese eterno "fuego" que llevan en sus corazones- y a la postre el amor hacia el ser humano, la inmortal esperanza de que donde hay un hombre no está todo perdido. "Si fuera Dios habría creado este mismo mundo, no uno diferente", dice el padre en un momento trágico del film. Al final, el verdadero amor puede con todo.