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Home Vida ULTRASONIDO A LA CONCIENCIA ¿POR QUE HAY TANTOS ABORTISTAS QUE SE HAN VUELTO PRO-VIDA?
ULTRASONIDO A LA CONCIENCIA ¿POR QUE HAY TANTOS ABORTISTAS QUE SE HAN VUELTO PRO-VIDA? PDF Imprimir E-mail
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Jueves, 02 de Junio de 2011 17:44

Los activistas pro-aborto siempre han preferido guardar distancia de la práctica que promocionan; en vez de llamarla por lo que es, le llaman "elección" o "derecho" y "libertad reproductiva." Pero quienes tienen que llevar a cabo el aborto con sus propias manos no se pueden esconder detrás de meras palabras. PormiDerecho ANacer, el miércoles, 25 de mayo de 2011

Por el contrario, los avances en la técnica de diagnóstico con imágenes por ultrasonido que se usan en los procedimientos abortistas, han forzado a los ejecutores a contemplar en detalle su trabajo. Especialmente en los abortos que se llevan a cabo ya avanzada la gestación, en los que se reconoce claramente la forma del bebé.
En esos casos la cercanía del acto abortivo produce un efecto emocional, tocando los sentimientos de los médicos, enfermeras y ayudantes que en su mayoría no están preparados para enfrentarse con los hechos. Una mayoría parece haber reconciliado su creencia en el derecho al aborto con la repulsión que les causa la muerte de un bebé, pero un número creciente no puede tolerar el conflicto emocional interno y se han pasado a la causa pro-vida.
Cuando recién se aprobó el aborto en los Estados Unidos, las intervenciones en el segundo trimestre eran generalmente hechas por medio de una inyección salina. El doctor simplemente reemplazaba el líquido amniótico en el útero de la madre con una solución salina y provocaba el parto, dejando que las enfermeras se deshicieran de los restos del bebé.

Eso cambió cuando a fines de los años setenta surgieron nuevas técnicas más seguras como "dilatación y evacuación" (D&E).  Hoy D&E es una de los procedimientos más comunes para abortos del segundo trimestre. Se ha aplicado millones de veces contando solamente los casos en los Estados Unidos.Pero aunque este último método es mejor para la paciente, resulta en una fuerte experiencia emocional para el abortista quien, luego de insertar un dilatador, debe despedazar el feto y extraer los pedazos con un fórceps.

Un estudio realizado cuando se comenzó a usar este método, por los doctores Warren Hern y Billie Corrigan, concluyó que, aunque todos sus empleados "aprobaban en principio los abortos en el tercer trimestre," muy pocos tenían una actitud positiva con respecto al procedimiento en sí. Sus reacciones se describen con palabras como "chocante", "deprimente", "horrible", "disgusto", "miedo" y "tristeza".

Un estudio más amplio que se publicó al año siguiente, en septiembre de 1979 en el American Journal of Obstetrics and Gynecology, (Digesto Americano de Obstetricia y Ginecología) confirmó los hallazgos de Hern y Corrigan, encontrando "fuertes reacciones emocionales durante el procedimiento o después de él, produciéndose algunos casos de sueños perturbantes."

Otro estudio, publicado en octubre de 1989 en Social Science and Medicine (Ciencias Sociales y Medicina) menciona que los abortistas son dolorosamente afectados al contemplar los fetos destrozados, sin importar su convencimiento del [así llamado] "derecho al aborto".

Estos estudios son pocos. En general los grupos abortistas han censurado su propio trauma emocional para proteger el "derecho al aborto".

En 2008, sin embargo, la abortista Lisa Harris se las arregló para comenzar a "romper el silencio" escibiendo en las páginas de la revista Reproductive Health Matters (Temas de Salud Reproductiva).
Cuando ella misma estaba embarazada de 18 semanas, la doctora Harris tuvo que efectuar un procedimiento abortivo en un caso de 18 semanas de gestación. La doctora Harris sintió la "patada" de su propio hijo en el mismo momento en que arrancaba la piernecita del feto con su fórceps. Recordando el evento nos cuenta:
"Al instante las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin que yo hiciera ningún esfuerzo consciente y sin siquiera estar pensando en eso. Creo que la respuesta vino completamente de mi cuerpo, pasando completamente por alto los procesos cognitivos normales. El mensaje parece haber pasado desde mis entrañas a mis lacrimales. Fue algo avasallante —algo brutalmente visceral— lo sentí en el corazón sin que mediara ninguna consideración de mi entrenamiento médico o mis convicciones políticas feministas. Fue uno de los momentos más crudos de mi vida."

La doctora Harris concluye su artículo lamentando que el movimiento pro-aborto haya dejado a los trabajadores de las clínicas sufrir en silencio y que no "asuma la realidad del feto, o de los restos fetales." De hecho, los abortistas muchas veces insisten que las imágenes usadas por el movimiento pro-vida son trucadas.

Los defensores del aborto también insisten falsamente que las intervenciones en el tercer trimestre se reducen solamente a casos trágicamente inevitables, como ser las malformaciones fetales. Sin embargo, en el número de abril de 2009 del American Journal of Obstetrics and Gynecology se afirma que la mayoría de los abortos efectuados pasando el primer trimestre son motivados por las mismas razones que los abortos más tempranos. Simplemente se han dejado estar. Esta realidad intensifica los sentimientos de culpa de los abortistas.

Hern y Harris han elegido permanecer en el negocio del aborto, pero uno de los primeros doctores que cambiaron de bando fue Paul Jarrett quien renunció a la práctica después de haber efectuado 23 abortos.
Su momento crucial vino en 1974 al proceder a abortar una gestación de 14 semanas:
"En el momento en que arrancaba el tórax alcancé a el corazoncito que aún latía. Cuando tuve que remover la cabeza, me ví frente a frente con el rostro de un ser humano, el ser humano que yo acababa de matar."

En 1990 Judith Ferrow, una ayudante en una de las clínicas de Planned Parenthood, se dió cuenta que deshacerse de los restos fetales era más de lo que ella podía aguantar. Al poco tiempo dejó su empleo. Ella describe su experiencia así:
"Nadie en la clínica quería ese puesto.
Tienes que ver las manitas y los pequeños pies. Hubo momentos en que quería llorar."
Finalmente un trabajador pro-vida que protestaba fuera de la clínica la persuadió de dejar su empleo. Judith ahora trabaja para la American Life League (Liga Americana Pro-vida.)

Kathy Sparks es otra conversa que antes era responsable de deshacerse de los restos fetales en una clínica abortista de Illinois. Lo que la llevó a dejar sus actividades en la industria del aborto (según se describió en la web de Pro-Life Action League en 2004) dice, en parte:
"Los huesitos del bebé son demasiado sólidos y el doctor no los puede destajar, es por eso que debe sacar el bebé con fórceps en tres o cuatro pedazos grandes. Yo tenía que llevarme los restos del bebé a una salita separada para la limpieza y arrojarlo al vaciadero.
Finalmente, al arrojar uno de los cuerpecitos me puse a llorar temblando descontrolada. Yo no podía parar de llorar. Su carita estaba perfectamente formada."
Una de las enfermeras le dió una reprimenda a Kathy por su comportamiento poco profesional. Kathy renunció al día siguiente. Ahora es la directora de un centro de asistencia a mujeres embarazadas con más de veinte voluntarios pro-vida.

El manejo de los restos fetales puede resultar especialmente dificultoso en las clínicas que realizan abortos a madres en estado de gestación avanzada. Hasta el tiempo en que el doctor John Tiller fue asesinado por un fanático anti-aborto el verano pasado, su clínica en Wichita se especializaba en abortos de tercer trimestre. Para deshacerse de la gran cantidad de restos, la clínica tenía un crematorio propio.
Un día, mientras movía un pesado contenedor con restos fetales, Tiller le pidió ayuda a una secretaria, Luhra Tivis. La experiencia fue devastadora para ella. "Lo más horrible es el olor de la quemazón de esos bebés."
Tivis, que era una activista de la feminista Organización Nacional para la Mujer (NOW, por sus siglas en inglés,) dejó inmediatamente su empleo como secretaria para trabajar como voluntaria en Operation Rescue (Operación Rescate) una organización radical pro-vida.

Otros han sido llevados a la conversión por los avances en las técnicas de diagnóstico con ultrasonido. El ejemplo más reciente es Abby Johnson, que fuera directora de una clínica de Planned Parenthood en Dallas, Texas. Después de ver un embrión "esquivar" la aspiradora cuando el abortista lo arrancaba del útero, Abby sintió un "conversión en el corazón."

De la misma manera, Joan Appleton que era feminista y enfermera a cargo de una clínica abortista en Falls Church, Virginia. Joan realizó cantidades de abortos sin problemas hasta que un solo aborto asistido por ultrasonido la horrorizó:
"Seguía el procedimiento en la pantalla de ultrasonido cuando ví al bebé alejarse de la aspiradora y lo ví abrir su boca. Al terminar la operación, yo temblaba."

El más famoso de los abortistas convertidos como consecuencia de la tecnología ultrasonido ya hace décadas, es Bernard Nathanson, co-fundador de una asociación nacional pro-abortista, la NARAL. Al principio de los años setenta, Nathanson era el mayor proveedor de abortos en el mundo occidental. Estima haber realizado más de 60.000 abortos, incluyendo uno de sus propios hijos. Su conversión fue lenta y tortuosa. En su primer libro Aborting America (1979) expresó su ansiedad de estar quizás participando en una gran iniquidad. Lo perturbaban especialmente las imágenes de ultrasonido. Cuando finalmente dejó su profesión y se convirtió en un activista pro-vida, produjo El grito silencioso (The silent scream, 1984) un documental que muestra un bebé en el vientre de su madre, luchando en vano por evitar ser despedazado.

Estas pocas historias mostradas aquí son algunas entre muchas. De hecho, con la sola excepción del comunismo, no hay muchos otros movimientos que hayan perdido tantos miembros por defección a la oposición.

De todas maneras, la gran mayoría de los empleados en las clínicas siguen siendo abortistas convencidos. Es posible que algunos de ellos se sientan angustiados por su trabajo, pero los más han encontrado alguna manera de tolerar las contradicciones.
Los promotores del aborto declaran que la práctica ha existido siempre en todo tiempo y lugar. Sin embargo esa idea tiende a disimular el radicalilsmo del régimen abortista en los Estados Unidos.

Hasta hace poco, nadie en la historia de la humanidad se empleaba en el trabajo de matar bebés en el vientre de sus madres como cosa de rutina. Este experimento que tenía que producir una reacción, alentando sentimientos pro-vida entre sus mismos adherentes.
El ultrasonido y las técnicas de dilatación acercan a los abortistas a la misma vida que ellos están destruyendo.

Hern y Corrigan concluyeron su estudio anotando que:
"Las técnicas de dilatación y evacuamiento no dejan posibilidad alguna de negar el acto de destrucción. Está delante de nuestros ojos. Las sensaciones de desmembramiento se transmiten a través del fórceps como una corriente eléctrica."

Jon A. Shields es profesor asistente de Ciencias Gubernamentales en el Claremont McKenna College.
David Daleiden es estudiante en la misma universidad.
Publicado originalmente en The Weekly Standard bajo el título "Mugged by Ultrasound"
Traducido por Carlos Caso-Rosendi
http://www.primeraluz.org/index.php?option=com_content&view=article&id=586%3Aultrasonido-a-la-conciencia&catid=79%3Aopinion&Itemid=422

Comentarios (1)Add Comment
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escrito por Inmaculada Sirera, octubre 23, 2011
Pro- vida siempre
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