Son tus hijos. Tú decides
Carlos Seco Abogado
12-03-10
Ya hemos repetido en muchas ocasiones que nuestro sistema educativo ha sufrido una importantísima transformación con la introducción de nuevas materias como son Educación para la Ciudadanía, Educación Ético-Cívica, Ciencias para el mundo contemporáneo o educación afectivo sexual. Todas estas nuevas asignaturas conforman la estructura de una auténtica obra de ingeniería educativo-social cuya finalidad es imponer un nuevo sistema o código de valores a la sociedad.
A través de ellas se conforman y modelan las conciencias de nuestros hijos para que respondan al modelo de ciudadano que se persigue con este nuevo orden social. La concepción de la vida humana como algo sobre lo que el hombre tiene potestad para decidir su continuidad o su finalización, lo que nos conduce al aborto, a la eutanasia o a la manipulación embrionaria, amoldado por el relativismo moral y el positivismo, la inexistencia de una verdad universal, la concepción de la sexualidad inspirada por la ideología de género que identifica el sexo con el puro placer, cambiante respecto a su orientación que invita a la homosexualidad, y donde los conceptos de responsabilidad, proyecto de vida en común, y la trascedencia del sexo, se conciben como tabúes que coaccionan y subyugan al ser humano en su dimensión sexual, son algunos de los mensajes o ideas que van siendo asumidos por nuestros hijos durante todo su proceso educativo.Ante esta situación las familias podemos adoptar básicamente dos actitudes. La primera es la acomodada, la placentera, el “dejar pasar, dejar hacer”. El entregar a nuestros hijos a los centros educativos cuando tiene tres años, y esperar que nos los devuelvan a los veinticinco, cuando acaben sus estudios universitarios, si es que llegan. Ya educados, y sus conciencias conformadas. El despreocuparnos de su educación, pues ya tenemos muchas otras preocupaciones más importantes que ésta.Esta actitud va a tener inevitablemente sus consecuencias, de cuya responsabilidad no nos podremos zafar. Pero también podemos incomodarnos, sacrificarnos por nuestros hijos, preocuparnos por saber que textos estudian, que libros leen o que videos proyectan en las aulas. En que actividades participan nuestros hijos. Y hablar con los profesores o con los tutores para explicarles por qué nuestros hijos no van estudiar una determinada cosa, por qué no van a leer un libro, o por qué no van a participar en una actividad. Podemos dialogar con nuestro hijos para saber que les están enseñando en clase, y podemos darles nuestra opinión, trasladarles nuestra forma de pensar, y explicarles por qué nos oponemos. Podemos matricularlos en las asignaturas de confesión religiosa para que nos ayude a transmitirles las convicciones morales y religiosas que deseamos para ellos. Podemos, en definitiva, adoptar una postura activa, responsable con la educación de nuestros hijos, participar en la vida del colegio, formar parte de sus consejos escolares, o agruparnos en AMPA las familias que tenemos las mismas inquietudes, y así también ayudar a otras familias.Son tus hijos, tú decides.